La desanimalización de la columna vertebral

By 13 marzo, 2016Yoga

Hace seis millones de años al principio de la evolución humana, nuestra pelvis simiesca era ideal para caminar sobre los pies y las falanges medias de las manos.

La curiosidad y el instinto de supervivencia llevaron a estos primates cuadrúpedos, a iniciar el proceso de la bipedestación. La liberación de las extremidades anteriores de las funciones de locomoción, determinó, que poco a poco el tronco se fuera erigiendo; la pelvis a su vez inició también su propia transformación y alteró su morfología, para soportar gran parte del peso corporal y repartirlo de manera uniforme y equilibrada, entre las extremidades inferiores.

La pelvis característica de los monos, hasta ese momento de forma alargada, no solo sufre cambios de tamaño y forma para favorecer la gestación, permitir la locomoción y aguantar una parte importante del cuerpo, sino que también desencadena una corrección anatómica y vital de sus ejes, buscando así su propio equilibrio; gracias al empeño de este homínido por caminar y permanecer de pie.

«La espalda se corrige a partir de la pelvis, no de la columna» Ramón Cases

La rotación necesaria del eje del cuerpo al enderezarse pasa por la pelvis, es aquí donde empieza la transformación. La columna a partir de ese momento está en posición vertical, no recta, y se va adaptando a este nuevo estado, compensando y equilibrando con sus correspondientes curvaturas fisiológicas, a ser el pilar de nuestro cuerpo para sostenerlo.

Todas las variaciones que ha sufrido la columna vertebral a partir de esta determinación ancestral, han dado lugar a cuatro curvaturas naturales, localizadas en cervicales y lumbares (lordosis), dorsales y sacro-coccígea (cifosis), que todavía en la actualidad estan relaccionadas con diferentes patologías de la columna; hernia discal, ciática, deshidratación del disco, estrechamiento del canal medular…., entre otras;  cuyo origen recae principalmente en que la pelvis está inclinada (anteversion pélvica) y que todavía conserva de manera muy significativa su posición de origen animal.

La pelvis está basculada hacia abajo, generando así un arqueamiento lumbar (lordosis); algo aparentemente normal en un cuadrúpedo, que disfruta de cuatro puntos de apoyo, pero si observamos nuestra propia fisonomía podemos darnos cuenta de que, lo que sigue siendo muy útil para los simios, para nosotros no lo es.

La espalda nos duele, en especial la musculatura que la conforma y padecemos a menudo todas las consecuencias que se derivan de esta verticalidad y de no tener una columna fuerte, recta y bien alineada.

La retroversión definitiva de la pelvis, junto con el estiramiento de las cervicales siguiendo la línea de la columna, entrando la barbilla hacia el pecho, relajando los hombros hacia atrás, elevando la caja torácica y activando la faja abdominal y lumbar, para favorecer el alineamiento y estiramiento del raquis, serán los cambios profundos y lentos, necesarios en este proceso evolutivo hacia la desanimalización.

Y es aquí, donde el yoga correctivo y evolutivo nos ofrece los conocimientos y la práctica necesaria en este camino de corrección y transformación vital.

 

Maribel López