La memoria del cuerpo

By 9 febrero, 2017Yoga

Dice nuestro maestro Ramón Casas que:

“una espalda recta favorece una actitud correcta”

Que quien camina cabizbajo y con el pecho hundido no puede pensar en positivo. Y quien va mirando hacia arriba, levantando la barbilla y hundiendo las lumbares tiende a ser un soñador que no pisa con los pies en la tierra.

Él consigue caminar y estar siempre en Tadasana, la postura de la montaña. Puedes leer aquí como sea interpreta en nuestro sistema de yoga correctivo esta asana. Si permaneces en ella sin llegar a ponerte de puntillas, anclando bien los talones, notarás seguridad, te colocarás firme, sin miedo, preparada para lo que tenga que venir… estable como una montaña.

Una de las primeras cosas maravillosas que he descubierto al practicar yoga es la memoria del cuerpo. Como una canción que siempre te acompaña, a medida que practico el cuerpo se hace presente. Y ya no sólo en clase si no en cualquier momento del día parece decirte: “Obsérvate, así sentada no descansas la espalda. Siente el cuello, está tenso… ¿será que aprietas las mandíbulas?.” Y al escuchar ese susurro, sin casi darme cuenta, me re-coloco. Si estaba medio estirada en el sofá busco alinear la espalda, si cruzaba las piernas frente al ordenador las separo y nivelo caderas, si esperando al autobús descanso sólo sobre una pierna equilibro sobre los dos pies, giro un poco la pelvis, alejo los hombros de las orejas…¡montaña!.

El cuerpo nos habla constantemente y es muy agradable escuchar y hacerle caso: unas respiraciones profundas en momentos de tensión, espalda recta y pecho alto para concentrarnos,  “subir la comisura de los labios como si fuéramos a sonreír pero sin llegar a hacerlo, sentir esa sonrisa que nace de nuestro interior, la que nos ilumina la cara” cuando nos sentimos felices y agradecidos.